- Como los niños no son mercancías, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela. Nos mandan instruir por horas, y educar siempre. Luego, pertenecemos a la escuela en todo momento en que ella nos necesite.(Gabriela Mistral)
Docentes ¡respiren algún día justicia!
Doña Gabriela Mistral decía “los niños no son mercancía”, claro que no. Tenía toda la razón, sin embargo el sistema educacional es un sistema de libre mercado. Los que tienen poder económico, están en los que se dicen buenos colegios y los de menor poder económico en colegios subvencionados o públicos. Por lo tanto, si la esencia de los pensamientos de Gabriela se desperfilan en el presente, me hace sentir que la educación en la actualidad, es una selva, que lucha para que cada barco salga a flote, según las exigencias educativas, para la obtención de “resultados”, que según los pensadores educacionales es educar.
Me atrevo a plantear ¿Qué es educar?, es a caso enseñar para un sistema económico, que hace al hombre cada vez más infeliz lleno de estrés y con citas a sicólogos, siquiatras o neurólogos. Fruto de una sociedad enferma donde los más inocentes y pequeños requieren de estos servicios para poder estar en una sala de clase la mayor parte del día. Es caso, bueno que nuestros niños estén en extensas jornadas, donde ¡por favor! Si los docentes y niños resisten llegar al final del día es una gran osadía.
Cómo Doña Gabriela puede decir, “pertenecemos a la escuela en todo momento en que ella nos necesite”. O sea los profesores no tienen vida personal... están obligados a ser mártires y solitarios.
La docencia ¡es abnegación!, los que conocemos la realidad sabemos esta certeza y luchamos para que en medio de tan espesa niebla, el ejercicio de esta profesión, siga en su avance dentro de los márgenes en los que esta sociedad se rige, teniendo la esperanza que un día salga la luz y se den cuenta que se debe educar el alma de una nación, para hacer resplandecer la verdad y los valores. Solo así se harán bases fuertes. Por lo contrario, hoy tenemos el dolor de ver la lucha y la desesperación para entregar contenidos livianos hacia la competencia y no hacia el pensar y la creatividad, que buscan homogeneizar a una sociedad.
Sin duda, la enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios, la nobleza y el bien del ser. Si somos conscientes de tal profundidad, esperemos la fuerza del universo para que nuestros docentes respiren algún día justicia. Para que no sean siempre el punto donde depositar y justificar las políticas mal hechas. Pido esta ayuda ya que confiar en las autoridades me parece utópico.
No puedo terminar sin decir que algunas palabras de Doña Gabriela Mistral aún iluminan el ejercicio de la labor docente, pero otras, no se ajustan a la actualidad. No sé si ella misma gritaría un ¡basta ya!...
Lucia urtubia